“Cartas al director” y “La voz del lector”: redefiniendo los límites de la nación a partir del relato de las migraciones

Las cartas de lectores son un género muy específico, presente en solo dos medios de los seis relevados: El País y Búsqueda. Con diferentes títulos, los dos recopilan y publican mensajes enviados por lectores, que se identifican por nombre y documento de identidad o por iniciales. Se trata de textos cortos, que se presentan todos juntos en una sección del periódico, que se compone de temáticas diferentes y no necesariamente conectadas, articulando los intereses del momento con reflexiones de más largo plazo. De alguna forma, las cartas de lectores componen un mosaico de cuestiones de interés social, entre las que recortamos aquellas vinculadas a migración y refugio. Las cartas se presentan como voces independientes y en cierta forma autónomas en relación a la línea editorial del medio; sin embargo, es importante recordar que previo a su publicación son seleccionadas por un editor, complementando de alguna manera la línea del medio en cuestión. Los vínculos establecidos en estas cartas, entre comunidad nacional, población migrante, refugiada y reasentada, recursos destinados a esos diversos actores, así como sus derechos, responsabilidades y posibilidad de aprovechar las oportunidades brindadas se conectan en argumentos que no necesariamente refieren a causalidades verificables o datos medibles. Más allá de su validez informativa o analítica, las cartas de los lectores permiten aproximarnos a las formas en que este nuevo contexto demográfico ha sido procesado por actores no necesariamente formados en la temática y cuáles  son sus principales ejes de interés. 

En el corpus total de artículos relevados, las cartas representan un 6,4%, con un total de 58 entradas. En la sección “La voz del lector”, el diario El País publicó 45 cartas y Búsqueda 11, lo que representan el 77% para el primero y 19% para el segundo. Dos entradas de Brecha asignadas a la categoría cartas no serán consideradas para el análisis dado que se trata, en un caso de una carta firmada por diferentes organizaciones sociales y en el otro una carta de Henry Engler, investigador, figura pública y política; en ambos casos referidas a la situación de un ex-detenido de Guantánamo en huelga de hambre. En estos casos, en función de su extensión y las formas de construcción textual, así como de los enunciadores, entendemos que no se trata de opiniones de lectores hacia el medio de prensa; sus enunciadores no son lectores “anónimos”, sino personas o colectivos reconocidas que buscan construir opinión pública. 

En el análisis de este material se identifica el mismo énfasis que en el abordaje periodístico, en el que los planes oficiales de reasentamiento caracterizan a la cobertura de prensa y que se acentúa para géneros en los que la opinión y el análisis se sobreponen a lo informativo, como son editoriales y columnas de opinión. En las 48 cartas publicadas por El País, 41 refieren a los planes oficiales de reasentamiento y otras 7 a la población migrante latinoamericana. En Búsqueda la totalidad de las cartas refieren a los planes oficiales de reasentamiento. 

La distribución temporal de las cartas también continúa con la tendencia general de cobertura de prensa. Entre 2014 y 2015 se acumulan el 75% de las cartas (44), mientras que el otro 25% se distribuye de la siguiente manera: 6 cartas en 2016, 4 en 2017 y 4 en 2018. Esto muestra una vez más, que del amplio abanico de fenómenos en torno a movilidad humana producidos en el país, en el período, aquellos que despertaron más inquietud por parte de la opinión pública, fueron los planes oficiales de reasentamiento. 


Planes oficiales de reasentamientos: la identidad bajo amenaza

Más allá del tema referido en las cartas proponemos analizar el material a partir de un denominador común: la construcción de una comunidad nacional y su defensa o desarrollo en relación a las personas que llegan, su cultura y su posibilidad (o no) de cumplir con el mandato de integración a la sociedad nacional. Proponemos hacer énfasis en las formas en que las diferencias y similitudes son construidas, reconociendo la diversidad de representaciones proyectadas a los colectivos migrantes, en función de orígenes nacionales/regionales y sus correspondientes atribuciones raciales, culturales y religiosas. Es así, que en algunos casos la presencia de inmigrantes / extranjeros se representa como una amenaza a esos valores, principalmente cuando refiere a población de origen árabe. 

En este sentido, resulta interesante que los planes de reasentamiento son en la mayoría de los casos referidos como un solo tema, describiendo las situaciones a partir de un conjunto de características similares e ilustrando los argumentos con eventos o declaraciones de estas personas, en los que es indiferente a cual de los planes se refiere. Un ejemplo bastante acabado de esto puede encontrarse en una “carta al director” (30/10/2014) de  Búsqueda. En ella una lectora sostiene su posición en contra del reasentamineto en Uruguay de algunas de las personas detenidas en Guantánamo de la siguiente forma: “Los presos de Guantánamo, que no los pueden ubicar dentro de EE.UU. Son sus presos y los mandan aquí. Si son inocentes que los deporten a su país de origen” En seguida, y en conexión con el primer caso se cuestiona en torno al otro plan de reasentamiento: “los niños de siria. Espero que sean ateos. En caso contrario estaremos creando un nidito de futuros terroristas musulmanes, como si tuviéramos pocos problemas.” Señalando la poca pertinencia de estas medidas en relación a otras acciones que sí deberían llevarse adelante: “Deberíamos ocuparnos de los niños en la calle, que debe haber más de cien, y son uruguayos”. 

El final de esta carta conecta directamente con otra de las formas de construir la oposición entre nacionales y extranjeros, cuestionando la validez de la inversión de recursos en personas reasentadas, en relación a las necesidades de los y las uruguayas. Se proponen argumentos en torno a supuestas pautas culturales propias amenazadas por la cultura de quienes llegan, a través de la imposición violenta o la ocupación silenciosa del espacio geográfico y social del país receptor. 

El modelo de la inmigración a Europa y las medidas tomadas (o no) para defender la identidad nacional son presentadas como ejemplo: “¿Inmigración masiva o una nueva forma de invasión moderna? ¿Cambian los sistemas de la conquista? (…) la ‘ocupación pacífica’ de territorios muy amplios a través de la inmigración masiva, no con guerreros sino con familias desposeídas, niños y niñas, mujeres y ancianos, todos desarmados, imposibles de ser vistos como objetivos bélicos, de a poco, primero con la misericordia y luego con la impotencia de quien los recibe, van tapando el mapa de Europa y avanzan en variadisimas direcciones”. Advierte la carta de un lector de Búsqueda (31/3/2016). 

En la misma línea, un lector de El País en septiembre de 2014 nos advierte sobre la imposibilidad cultural de los pueblos árabes para adaptarse a sistemas democráticos como el nuestro: “En los países árabes habitualmente hay reyes o gobernantes autoritarios, los que son respetados y obedecidos. (…) ¿Nadie se ha puesto a pensar por qué en los países árabes ordenados el sistema de gobierno es de un rey? En los países árabes no hay una tradición de cultura democrática ni republicana e inculcar eso llevará mucho años.” El argumento religioso, vinculado estrechamente a las características culturales es enunciado en diferentes oportunidades en cartas de lectores en Búsqueda y El País. El éxito de los procesos de integración de corrientes migrantes anteriores en función de su confesión religiosa se presentan como una prueba de la inconveniencia de “seleccionar” población musulmana, culturalmente irreductible, en oposición a la población cristiana, fácilmente integrable.

Entre lo nuevo y lo vivido: migrantes latinoamericanos

Sin embargo, lo nacional no se plantea únicamente en la forma de oposición. Para el caso de los migrantes latinoamericanos, se pone en diálogo con lo nacional a partir de las narrativas identitarias vinculadas a la inmigración europea, en el que la narrativa del éxito de la inmigración de finales del S XIX y comienzos del S XX son el trasfondo ineludible. Así lo describe una lectora de El País, en su carta titulada “Bienvenidos” (08/08/2018): “En lo que me es personal ha despertado siempre mi admiración la valentía de todos esos ancestros – como mis abuelos – que llegaron en el entorno de sus 20 años, sin instrucción ni dinero, en una precaria tercera clase de barcos de aquellos tiempos, escapando al hambre y con todas sus ilusiones puestas en su futuro en estas latitudes. Estos inmigrantes fueron trabajadores de sol a sol, siempre agradecidos y sin pretensiones, estableciéndose aquí en su mayoría, por el resto de su vida”

En este fragmento de presentación, semblanza de sus/nuestros antepasados migrantes, la lectora sintetiza toda la valoración positiva, históricamente construida en relación a la inmigración fundacional en el país: jóvenes (en masculino siempre); escapando (hacia una tierra mejor) al tiempo que ilusionados; trabajadores inagotables (independientemente de las condiciones de precariedad de esos trabajos), agradecidos y sin pretensiones (¿derechos?) y fieles al territorio donde se establecieron el resto de su vida. 

Sobre estas características se evaluará la idoneidad de los “nuevos” migrantes latinoamericanos: “Pasado más de un siglo es notable la similitud de entre estos antepasados y los jóvenes migrantes que hoy llegan por miles a Montevideo, corriendo de situaciones límite que han hecho imposible su permanencia en sus países de origen. Quizás más ilustrados por haber tenido la oportunidad de una educación, pero con las mismas esperanzas de un porvenir más venturoso, agradeciendo la oportunidad de un empleo, aunque estén más capacitados que para la labor que desempeñan.

Este diálogo entre migración tradicional y “nuevas corrientes” se establece, también, en función de las potencialidades de desarrollo económico, social y educativo a la sociedad receptora. En ese sentido, no todas las personas o colectivos migrantes son representados/evaluados de la misma forma; jerarquías raciales y de género, así como lecturas moralizantes de las inserciones laborales y estructuras familiares, son  traducidos arbitrariamente en categorizaciones nacionales construyendo valoraciones diferentes para las poblaciones venezolana, cubana y dominicana. 

En el ejemplo a continuación, una carta de El País (18/9/2018), se mencionan los orígenes venezolano y cubano, excluyendo a República Dominicana.  La carta, dirigida “A nosotros, la gente de aquí” una lectora montevideana desarrolla su argumento en torno a la buena disposición hacia el trabajo de la población migrante latinoamericana, a la que agrega el aporte demográfico que esta población realizaría a la sociedad uruguaya, potenciando nuestras capacidades de desarrollo: “En primer lugar, hay dos cosas que están clarísimas. 1) Uruguay necesita gente, mucha gente, unos tres milloncitos más de consumidores, para que empecemos a tomarnos en serio. 2) Pero no necesitamos más limpiavidrios en las esquinas, ni muchachos de la limpieza, ni estacionadores de autos, por la sencilla razón de que esos trabajos pagan poco, y lo que pretendemos es una sociedad de bienestar, no otra cosa. (…) La cuestión es que deberíamos ver este regalo de inmigración que nos presenta la Historia como una gran oportunidad para el país: deberíamos poder recibir gente que está buscando vivir mejor y darle condiciones para que efectivamente sea así. Que los inmigrantes se conviertan en electricistas, en cocineros, en pintores, en personas que ganen bien para que, a su vez, contribuyan pagando impuestos a la organización estatal que nos damos los uruguayos, igual que hacemos nosotros. Necesitamos esa gente y ellos nos necesitan. Beneficémonos todos.” 

En este fragmento es posible observar cómo, a pesar de que la evaluación de la migración es positiva, presentada como una ventana de oportunidad para el país y para la población migrante, la línea entre un ellos y un nosotros se construye y fortalece a lo largo del texto, desde el encabezado dirigido a los nacionales, hasta el final, en el que se establecen los criterios de selección de la población migrante que efectivamente reportaría un beneficio, y que por tanto, podría estar habilitada a permanecer: “A los administradores les pedimos que administren con visión. La gente que trabaja en los gobiernos de Canadá o Australia no tienen dos cerebros y, sin embargo, estos países seleccionan a sus migrantes porque los precisan capacitados, si no, no entran. Sin llegar a estos lujos, hay infinidad de medios para conseguir que la permanencia de un extranjero esté condicionada a que se capacite, lo cual redundará en su exclusivo beneficio. Y en el nuestro, como sociedad, porque cada uno de ellos, germen de una familia, se convertirá en un polo generador de riqueza, tanto económica como cultural y humana.

También vinculado a argumentos de corte nacional, la emigración y fundamentalmente el exilio de la población uruguaya, las actitudes de la sociedad receptora y la correspondencia y agradecimiento de los que llegaban es colocado por esta lectora de Búsqueda (12/02/2015) como un elemento central a la hora de evaluar las iniciativas de reasentamiento y las formas en que los refugiados responden. “Cuando veo las noticias sobre los refugiados sirios, no puedo evitar agradecer nuevamente a Suecia, que nos recibió a mi familia y a mí como refugiados en 1976. En ese país jamás se nos expuso públicamente y menos por parte del presidente, como se ha hecho aquí. Algunos refugiados uruguayos cometieron faltas y delitos, que fueron juzgados y debieron pagar su culpa de acuerdo a las leyes suecas como debe ser. (…) La adaptación a otra sociedad es bien difícil, a pesar de que el choque cultural no fue tan grande. No alcanza con recibirlos con gestos solidarios y palmadas en el hombro para que los refugiados se “vuelvan uruguayos” en tres meses, dejando atrás una cultura milenaria que marca su conducta.” Es así que, a pesar de que el elemento central de evaluación es la implementación de los programas de reasentamiento, los “tipos” culturales continúan ocupando un importante lugar en las evaluaciones del proceso.

A modo de cierre 

El análisis de las cartas de lectores de los dos medios en que están presentes permite confirmar las tendencias de otros materiales publicados en el abordaje de los fenómenos de movilidad humana: 

  1. Una mayor cobertura relativa de los temas vinculados a planes oficiales de reasentamiento que a las corrientes migratorias latinoamericanas.
  2. Un énfasis en aspectos culturales, identitarios y cuestiones relativas al mandato de integración a la comunidad nacional en el análisis de los planes de reasentamiento; y un énfasis vinculado a cuestiones económicas, laborales, demográficas y sociales vinculado a la cobertura de las migraciones latinoamericanas. 
  3. Para el caso de los planes de reasentamiento un fuerte cuestionamiento a la pertinencia de la iniciativa, la idoneidad de la población seleccionada y la justicia en el destinar recursos que podrían ser aprovechados por los nacionales; análisis que incorporan una fuerte carga político-partidaria.
  4. Para el caso de los migrantes latinoamericanos, también aparece una clave analítica político-partidaria, pero en este caso vinculada a la capacidad de los gobernantes de turno para aprovechar cabalmente la potencialidad de desarrollo que el fenómeno migratorio supone. 

Algunos elementos transversales pueden ser identificados y que proponen claves para la evaluación de buenos y malos migrantes: el agradecimiento al país receptor y su sociedad, como un mandato de quien es recibido; y la permanencia en el territorio como una prueba de fidelidad hacia el país.  

Como es esperable, las experiencias personales y evaluaciones sociales, políticas e históricas de los autores, sus emociones, desengaños y sorpresas; tienen un lugar relevante en el desarrollo de los argumentos y conclusiones presentadas. En muchos casos, esas ideas en primera persona sobrepasan el registro de la experiencia singular para ser colectivizadas y presentadas como experiencias homogéneas y socialmente compartidas. De esta forma, los intereses nacionales – económicos, políticos, socio-culturales, de seguridad o soberanía – se legitiman cómo el criterio válido para evaluar la conveniencia o no del arribo de extranjeros / inmigrantes al país. 

En esa operación, en principio bienintencionada, se escapa un elemento central que debería estar presente en todo y cualquier abordaje de los fenómenos de migración, refugio y reasentamiento: el derecho a la movilidad humana, consignado como un derecho humano en diversos tratados internacionales; y la garantía de igualdad de derechos entre nacionales y migrantes; y nacionales y población refugiada consignados en la legislación nacional. Más allá de las herramientas legales, que no deben necesariamente ser conocidas por todos, esta ausencia señala la falta de una perspectiva que descentre nuestro propio punto de vista sobre el tema: lo que nos gusta (o no), lo que nos sirve (o no), de las personas que llegan; lo que estamos dispuesto o no a hacer por ellas. La impronta utilitarista de clave nacionalista impregna el tono discursivo del conjunto del material analizado, sin ceder espacio a otras perspecitvas con foco en los derechos humanos y en las necesidades, experiencias o deseos del otro. 

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