Prensa, titulares y metáforas. Ríos de tinta corren sobre el fenómeno migratorio en Uruguay

En el siguiente apartado se analiza, desde la perspectiva del Análisis Crítico del Discurso (ACD), cómo los medios de prensa escritos uruguayos enuncian discursivamente la migración latinoamericana a partir de los titulares, utilizando el recurso de la metáfora, para argumentar, formar y construir un conjunto de símbolos colectivos que establecen marcos cognitivos y de interpretación en la opinión pública sobre el fenómeno migratorio en Uruguay. 

El objetivo de este texto es evidenciar no solo las formas en que se presenta y representa la inmigración en Uruguay, sino también deducir los procesos mentales que subyacen en tales formaciones léxicas, es decir, la ideología que permanece latente y que sustenta el discurso en sí mismo. Se parte entonces de los titulares para analizar las características discursivas de las ideologías dominantes en los materiales simbólicos mediáticos.

El discurso no viene solo (ACD)

Lo que se puede leer en la prensa no es reflejo de la realidad: los medios de comunicación construyen una realidad mediática, la cual está constituida por versiones, representaciones y materiales simbólicos. A partir de ellos, los individuos componen e instituyen sus identidades e imaginarios sociales, en relación a sí mismos, a sus grupos de pertenencia y a los otros. Según Teun van Dijk (1997), la mayor parte de nuestro conocimiento social y político, así como nuestras creencias sobre el mundo, emanan de decenas de informaciones que leemos o escuchamos a diario.

El fenómeno migratorio en Uruguay no está exento de esta construcción mediática: es a partir de esa alteridad migratoria que la sociedad también se mira a sí misma. Los medios uruguayos generan discursos mediáticos sobre la (in)migración para conocerlos y reconocerlos, pero también para conocerse y reconocerse en relación a los otros. 

Por lo tanto, el lenguaje es en sí mismo ideológico, es una herramienta de dominación y perpetuación (o de subversión) de las estructuras sociales de poder. Las relaciones entre el lenguaje y el poder son el objeto de estudio del ACD, perspectiva desde la cual se aborda este análisis.

Desde el punto de vista del ACD, “el lenguaje carece de poder propio, obtiene su poder por el uso que las personas poderosas hacen de él” (Wodak, 2003:30). Por eso, el ACD suele trabajar con los discursos de las personas o instituciones que tienen poder. El acceso reducido de grupos minoritarios a las instituciones de poder deriva en la legitimación de su opresión a través del discurso, el cual acaparan los individuos privilegiados. De ahí que el interés del ACD esté centrado en el análisis de los discursos que enuncian a los oprimidos, marginados y discriminados; su fin es “hacer explícitas las relaciones de poder que con frecuencia se hallan ocultas” (Meyer, 2003:36).

Los medios de comunicación son entidades con alcance masivo y con el poder para modelar las creencias y las actitudes no solo de los lectores, sino también de la comunidad. A través del ACD es posible descifrar los conocimientos, las intenciones y los prejuicios de los discursos desde una aproximación científica. El ACD evidencia que no hay discursos neutrales ni objetivos, característica que los medios de comunicación intentan siempre exaltar, y analiza las condiciones y características discursivas que permiten que las ideologías dominantes tomen cuerpo en los materiales simbólicos mediáticos.

El discurso no es otra cosa que el ejercicio de creación o reproducción de poder, de legitimación o deslegitimación de aquello o aquel a quien se refiere. Van Dijk (1999) también advierte, desde sus estudios de discursos sobre racismo e inmigración, la importancia de tener en cuenta la estructura del conocimiento preexistente. Este conocimiento es configurador de la ideología: el mayor porcentaje del discurso no está escrito, sino que subyace al texto, incluso en el orden social que establece respecto a las partes. Por esa razón, para el ACD es clave la noción de implicatura. Así, los productores de los discursos pueden realizar omisiones y dar ciertos conocimientos por sabidos, porque comparten con los receptores un marco de creencias perteneciente a la sociedad en que se insertan.

Apelar a la memoria episódica, según van Dijk, es un ejercicio que permite comprender algo más allá de lo que pasó y lo que se narró: implica conocer el modelo mental que da explicación a esa realidad tal como nos llega. Y si bien no todas las formas de racismo tienen lugar en el habla, sí tienen raíces discursivas. La discriminación racial y étnica es aprendida del discurso de las clases poderosas, el cual incluye los discursos políticos, mediáticos y educativos (van Dijk, 2006).

El racismo de las élites se manifiesta a través del discurso escrito o hablado, y las manifestaciones no verbales del racismo son consecuencia del discurso de las élites. Van Dijk opina que si este discurso “fuera sistemática y predominantemente no racista o antirracista, sería muy improbable que el racismo estuviera tan extendido” (2006:17). Es decir, las creencias que legitiman el racismo, que tienen carácter discursivo, son causa —y son excusadas como la “razón”— de que existan diversas formas de discriminación y marginación hacia grupos minoritarios. Por eso, para comprender la discriminación, es importante estudiar el discurso; principalmente, el discurso emitido desde los lugares de poder.

Van Dijk (1996) entiende que, desde esta perspectiva, se puede identificar el proceso por el cual los actores tienden, en su discurso, a elaborar la ideología de su propia vida. Así, seleccionan, en función de sus intereses, aquellos acontecimientos que crean más significativos para establecer entre ellos conexiones exactas que realcen su coherencia. Van Dijk (1996:21) denominó esto como cuadrado ideológico:

  1. Enfatizar las cualidades positivas, éxitos y acciones propias, así como las de sus aliados (quienes también pertenecen a ese nosotros que construyen).
  2. Mitigar (y, si es posible, silenciar) las cualidades positivas y acciones de los otros y de sus aliados, quienes pertenecen a ese grupo.
  3. Mitigar (también, en la medida de lo posible, silenciar) las cualidades y acciones negativas de nosotros y sus aliados, así como sus fracasos y sus derrotas.
  4. Enfatizar las cualidades y acciones negativas de los otros y de sus aliados, y también sus fracasos y derrotas.

En este marco, y en la misma línea que van Dijk, Meyer apunta a las “representaciones sociales”, las cuales “constituyen un elemento nuclear de la identidad de los individuos” (2003:44-45). En muchos casos el racismo se esconde en vacíos del discurso que el destinatario completa con la ideología hegemónica. Al no ser explícito, este racismo no suele despertar críticas y permite a los emisores mitigarlo y negarlo.

El concepto de representaciones sociales de Meyer dialoga con el concepto de Jäger de discurso: “(…) el fluir del conocimiento —y de todo el conocimiento social acumulado— a lo largo de toda la historia” (1993 y 1999, en 2003:63). Estudiar el discurso despierta interés porque cada enunciado conlleva un bagaje cultural que no puede ser ignorado y que le confiere mucho más significado que el análisis de la expresión por sí misma. Esta carga cultural histórica permite al lenguaje legitimar y perpetuar estructuras de poder que se remontan desde siglos atrás, aunque las personas que lo continúan no sean las mismas. El discurso racista sobre la migración en la prensa es un ejemplo de la perpetuación histórica de las estructuras de poder. 

En Uruguay, la supremacía europea estuvo consolidada en el discurso desde el principio de su existencia. En la historia del país, la representación de las poblaciones no europeas ha sido subvalorada o negada. La adopción de la tipología de pueblos latinoamericanos de Darcy Ribeiro al sentido común y la reproducción acrítica de “pueblo transplantado” (desde Europa) ha calado hondo en las subjetividades nacionales y los discursos hegemónicos (Uriarte y Montealegre, 2018). Las narrativas históricas de un “exterminio” indígena que constituye el mito del Uruguay como “un país sin indios” (Verdesio, 2014) y la folclorización del componente afrodescendiente, relegado a expresiones de la cultura popular como el candombe o el fútbol (Andrews, 2010), han sido extensamente deconstruidas en ámbitos académicos, pero siguen vigentes en los discursos políticos de las élites y en los imaginarios colectivos (ver Contexto). Estas narrativas, asimismo, no suelen ser percibidas, fuera de la academia, como racismo.

Como en muchos países de América Latina, en Uruguay existe una compleja red de prejuicios en los que se interrelacionan la etnicidad y la clase social: “El racismo latinoamericano se vincula y, por tanto, a menudo se confunde (y se excusa) con la idea de clase social. La tendencia mayoritaria postula que la jerarquía de clase se suele corresponder con la ‘jerarquía de color’” (van Dijk, 2003:101).

En resumen, existe un marco ideológico complejo dentro del cual la percepción de los grupos, los prejuicios, la dominación de los blancos, las estrategias cognitivas, además de los valores que los periodistas atribuyen a las noticias, contribuyen, en conjunto, a una representación negativa de las minorías étnicas en la prensa. Tales expresiones del discurso son una producción y reproducción de las cogniciones sociales, los conocimientos, las ideologías, las normas y los valores que regulan y controlan los actos y las interacciones con la sociedad. 

La misma presunción de que el lenguaje es un aparato ideológico propone que el estudio del discurso, por ser de carácter lingüístico, no podrá ser en manera alguna objetivo. Este análisis, por tanto, es indivisible de una postura política e ideológica.

El titular: un discurso en sí mismo

Los medios de información deciden qué eventos son noticia y cuáles no lo son. Cuantas más consecuencias pueda tener un hecho, es más probable que sea convertido en noticia e, incluso, que sea repetido múltiples veces desde diferentes puntos de vista. Esto es una consecuencia de la orientación comercial de los medios de prensa, que no dejan de ser empresas con un objetivo principal: maximizar las ganancias. En otras palabras, cuanto más interés despierte un hecho, más posibilidades tiene de ser una noticia publicable. 

La noticiabilidad de un hecho tiene que ver también con la proximidad que tenga el hecho noticioso. La proximidad, en muchos casos, es geográfica; sin embargo, al público también le interesarán aquellos sucesos que tengan que ver con personas de su misma nacionalidad o que compartan su etnia y cultura: en este sentido, se trata de una proximidad identitaria. La información suele ser, entonces, un producto comercial producido por las mayorías y para las mayorías.

Sin embargo, pueden influir otras características en el proceso de selección de una noticia. Por ejemplo, los medios de comunicación pueden tener interés en publicar algunos hechos y ocultar otros, lo que responde a una inclinación ideológica determinada, en muchos casos una alineación partidaria: “(…) la mercancía que ofrecen los medios es atípica (…): son hechos e ideas que afectan a nuestra percepción del mundo y, en gran medida, a nuestras acciones” (De Fontcuberta, 1993:53). Es por ese motivo que se considera que los medios de comunicación no reflejan la realidad, sino que la construyen (De Fontcuberta, 1993).

El objetivo de los medios de información masivos es informar a la mayor cantidad de usuarios en el menor tiempo posible. Para cumplir ese objetivo, el titular tiene un rol clave. Se encuentra en la parte superior de la página y en un cuerpo de letra mayor; es lo primero que el lector ve, y, por ese motivo, contiene la información que el medio considera más importante e impactante del hecho noticioso. Los demás elementos destacados, como el copete y el antetítulo, sirven, o bien para reafirmar la información del titular, o bien para destacar información diferente, también considerada relevante.

En general, el lector del periódico elige, con gran influencia del titular, las noticias que captan su interés. De las noticias que lee, probablemente deje la mayoría incompletas. Es por esto que el periódico intentará colocar la mayor cantidad posible de información en el titular —compuesto por el título, el antetítulo, la bajada, entre otros— y en los primeros párrafos de la noticia (Chaoudri, 2016). Tal selección de la información responde también a la ideología del medio de prensa. Los titulares son un resumen del hecho noticioso, una interpretación de los acontecimientos o acciones desde el punto de vista del periodista o del periódico y su función más importante es atraer la atención al relato, mencionando aquellos temas que pueden interesar al lector. Su función más importante es la de “evadirse de la propia información que resumen, cobrar vida propia, resultar inteligibles por sí mismos” (De Fontcuberta, 1993:117).

En otras palabras, en los titulares, o en la macroestructura (van Dijk, 1977, 1980), se expresa el resumen de lo que se informa, lo que exige una valoración de aquello que es importante, interesante o pertinente. Tal juicio depende de la interpretación y valoración que hace el periodista de los acontecimientos, de modo que el resultado es siempre parcial.

A menudo, los titulares expresan frases incompletas, con nombres sin artículos indefinidos o definidos; muchas veces, nominalizaciones seguidas de una localización. El titular, o macroestructura textual, es, por tanto, el contenido semántico global que representa el sentido de un texto; son expresiones enunciadas bajo la influencia del conocimiento, las opiniones, las actitudes o ideologías del periodista.

Selección de los titulares analizados 

La unidad de análisis de este estudio corresponde a los titulares noticiosos de un grupo de medios de prensa escrita que circulan en Uruguay (ver: Metodología) que utilizaron el recurso de la metáfora en su producción discursiva relativa a la migración.

Las metáforas son imágenes que contribuyen a formar el conjunto de símbolos colectivos (Jäger, 2003). Son un poderoso aparato argumentativo capaz de provocar aceptación general y sensación de realidad a partir de un discurso. Para Miquel Rodrigo Alsina, “la estigmatización empieza ya con las metáforas con las que se asocian las migraciones” (2006:42), basándose en una idea de Santamaría: “La forma en que se piensan y tratan, en que se problematizan, las actuales migraciones […] es en gran medida cosa de metáforas” (2002:118).

Santamaría clasifica las metáfora inmigrantes en: a) fitomórficas, como la del árbol con sus arraigos y desarraigos; b) zoomórficas, como la de las aves, suponiendo imágenes de nomadismo y permanente movimiento; c) metáforas que refieren al agua (corrientes, torrentes, avalanchas), o d) bélicas que evocan a la invasión, la conquista, la hostilidad. Todas imágenes retóricas que invitan a mantenerse alerta ante un fenómeno que tiende al desorden y al descontrol.

En este sentido, la selección de titulares presentada y analizada surge de la revisión de los titulares del corpus total de noticias referidas a migración latinoamericana, de las cuales fueron seleccionadas aquellas que con más contundencia apelaban al recurso de las metáforas como forma de impacto. Se trata de una muestra representativa de este tipo de procedimientos de construcción de sentido a partir de metáforas, en las que su poder estigmatizante se hace claramente identificable. Sin embargo, su representatividad no se construye en función de criterios estadísticos, sino por tratarse de ejemplos emblemáticos de este tipo de estrategia discursiva.

El corpus de análisis está conformado por 26 titulares, publicados entre los años 2014 y 2018:

Brecha

  • La gran “cubija” charrúa. Refugiados en Uruguay: protocolos legales y presos políticos [28/3/2014]
  • Botar fuera: dominicanos en Uruguay [26/9/2014]
  • Sólo una pieza de ajedrez: la trata de personas en Uruguay y las nuevas olas migratorias [1/6/2018]

Búsqueda

  • Las élites políticas tienen una visión más favorable que la mayoría de los uruguayos sobre la ola migratoria [14/6/2018]
  • Una oleada de inmigrantes venezolanos, dominicanos y cubanos sorprendió a Uruguay con buenas leyes pero políticas fragmentadas [5/1/2017]
  • Uruguay continúa recibiendo más remesas de las que emite, aunque la brecha se redujo por la fuerte ola migratoria [22/2/2018]
  • Uruguay está recuperando el “músculo” de recibir inmigrantes, mientras el fenómeno se convierte en un asunto político [20/12/2018]
  • La odisea de salir de Venezuela rumbo a Uruguay: miles se lanzan a la aventura para escapar a la crisis en su país [8/6/2017]

El Observador

  • Paredes clandestinas [8/5/2018]
  • Valores importados [16/6/2018]
  • Venezuela se desborda [10/3/2018]
  • Multa de US$ 7000 a restaurante por emplear a inmigrantes ilegales [8/5/2018]

El País

  • Aluvión de escolares extranjeros: se anotan 820 en Montevideo [24/4/2018; título de tapa]
  • Un pueblo desbordado de cubanos [7/1/2018]
  • Llegan 4.600 cubanos y colapsan los trámites [24/10/2018]
  • La ola que sobrepasó al sistema [4/11/2018]
  • Uruguay abre sus puertas, otra vez, a refugiados de El Salvador [22/11/2018]
  • Uruguay da cobijo a salvadoreños [22/11/2018]
  • Uruguay da cobijo a salvadoreños [1/4/2018]
  • Cancillería desbordada por pedidos de residencia [19/2/2017]
  • Dos corrientes migratorias “refrescan” mercado laboral [26/9/2018]
  • Amado propuso una comisión específica sobre ola migratoria [13/5/2018]
  • Preocupa la oleada de inmigrantes dominicanos [13/6/2015]
  • El boom de inmigrantes llegó al liceo [22/10/2017]
  • La Venezuela peregrina [2/9/2018]

La Diaria

  • Ante desafío de nueva ola inmigratoria, MTSS creó una Unidad de Migración [26/5/2017]

Posteriormente, se analizaron los titulares desde la perspectiva del ACD. Se tuvo en cuenta, principalmente, la presencia de metáforas asociadas al agua y a los desastres naturales (ola, aluvión, desbordar, refrescar…), a fin de descifrar los conocimientos, intenciones y prejuicios sobre el fenómeno migratorio y su representación mediática.

La inmigración latinoamericana en metáforas

En los ejemplos analizados, las palabras tienen un uso estigmatizador a partir de recursos léxicos, semánticos y retóricos, utilizados frecuentemente para encuadrar negativamente al exogrupo (ellos) y resaltar el carácter supuestamente positivo del endogrupo (nosotros). Esta estigmatización tiene un carácter etnocéntrico, ya que, de acuerdo con van Dijk (1997) los periodistas escriben, prioritariamente, como integrantes del grupo residente blanco al que pertenecen y, por lo tanto, se refieren a los grupos étnicos minoritarios en términos de ellos y no como parte de nosotros.

En los titulares de la prensa escrita, además de términos como inmigrante, migrante o extranjero, los cuales ya construyen una imagen negativa del otro, aparecen otras piezas léxicas que refuerzan la representación negativa de ellos. Se trata las conceptualizaciones periodísticas que dan cuenta de una mirada estigmatizadora, tales como: desborde, oleada, aluvión, desafío, entre otras, que asocian a la persona migrada con un “problema nacional”, conduciendo, de esta forma, a un mayor rechazo por parte de los miembros del endogrupo. La utilización de metáforas que connotan catástrofes constituye una retórica del exceso, con la cual se sobredimensiona un acontecimiento para hacerlo aparecer como letal y desastroso para el país receptor. Los siguientes ejemplos de titulares en la prensa uruguaya son un ejemplo de ello:

  • Las élites políticas tienen una visión más favorable que la mayoría de los uruguayos sobre la ola migratoria [Búsqueda, 14/6/2018]
  • Una oleada de inmigrantes venezolanos, dominicanos y cubanos sorprendió a Uruguay con buenas leyes pero políticas fragmentadas [Búsqueda, 5/1/2017]
  • Uruguay continúa recibiendo más remesas de las que emite, aunque la brecha se redujo por la fuerte ola migratoria [Búsqueda, 22/2/2018]
  • Un pueblo desbordado de cubanos [El País, 7/1/2018]
  • Cancillería desbordada por pedidos de residencia [El País, 19/2/2017]
  • Aluvión de escolares extranjeros: se anotan 820 en Montevideo [El País, 24/4/2018; título de tapa]
  • Sólo una pieza de ajedrez: la trata de personas en Uruguay y las nuevas olas migratorias [Brecha, 1/6/2018]
  • Ante desafío de nueva ola inmigratoria, MTSS creó una Unidad de Migración [La Diaria, 26/5/2017]

A partir de estos ejemplos, y dentro de los movimientos migratorios de Latinoamérica hacia Uruguay, cabe mencionar que los colectivos más representados en las noticias del período analizado son los cubanos, los dominicanos y los venezolanos. Conjuntamente con el retorno de uruguayos emigrados, los flujos provenientes de Cuba, República Dominicana y Venezuela han sido la causa de la reversión del saldo migratorio negativo en nuestro país, que había sido norma por casi medio siglo (Mides, 2017). El aumento en el ingreso de población ha sido sostenido desde entonces y, en 2017, el número de residencias otorgadas a ciudadanos venezolanos superó al de residencias otorgadas a argentinos, históricamente el mayor origen de extranjeros residentes en el país (Prieto y Márquez, 2019). El rápido y numeroso ingreso de inmigrantes latinoamericanos a Uruguay fue asociado por la prensa nacional con la imagen metafórica de una “ola” u “oleada”, construyendo y representando el sentido de un fenómeno que trae consigo un “peligro”.

Según Santamaría (2002), las metáforas más utilizadas en el discurso periodístico de España para representar la migración son las acuosas. Tal como se observa en los ejemplos de los titulares, Uruguay no es una excepción en el tratamiento periodístico de la inmigración y su asociación a este tipo de metáforas. El agua remite a la idea de que la inmigración es continua e irrefrenable. Así, a partir de las metáforas acuáticas, la migración se transforma en una especie de fenómeno natural de una magnitud engrandecida: “Como cualquier torrente o corriente, la migratoria entraña siempre un peligro para la sociedad por la que pasa o desemboca, y, en consecuencia, habrán de tomarse precauciones o incluso deberá evitarse” (Santamaría, 2002:120). 

En resumen: “las metáforas del agua ‘naturalizan’ el fenómeno y lo identifican (en la medida en que no están ‘canalizadas’) con lo ‘irracional’ (aguas no domesticadas), con la irrupción de la violencia y el caos” (Santamaría, 2002:120). La inmigración representada como una ola sugiere un continuo peligro sobre el que se debe tomar precauciones para evitar catástrofes mayores e inevitables. Lo que “nos representa” (la cultura, las costumbres y la lengua) está amenazado de ser sumergido por ellos. Se construye así una imagen en la sociedad que legitima un discurso antiinmigración, tal como se muestra en el siguiente ejemplo:

La ola que sobrepasó al sistema

La llegada masiva de cubanos, sobre todo en el último mes, desbordó las puertas de Cancillería y colapsó el sistema [El País, 4/11/2018]

Este titular, como la bajada de la noticia, es uno de los ejemplos más representativos de la asociación de las imágenes metafóricas con el abordaje de la inmigración. Las olas sumergen, hunden, arrasan: la inmigración cubana, identificada con esa ola, es retratada como la responsable de lo que en realidad es una incapacidad de gestión de la Cancillería uruguaya. Se cumplen así las máximas del cuadrado ideológico que señala Van Dijk: se mitigan o silencian las cualidades negativas propias y se enfatizan las cualidades o acciones negativas de los otros. En otras palabras, es la ola de cubanos la que desbordó la Cancillería, una ola que sobrepasó, que colapsó el sistema, y no la ineficiencia de un sistema que no dio respuesta o pudo atender las demandas de los ciudadanos que llegaron de Cuba.

Las metáforas no se agotan en el titular y en la bajada de la noticia, tal como se observa en el epígrafe de la primera foto, en el cual se lee el siguiente texto:

Multitud. El jueves pasado Cancillería amaneció con vallas para contener el aluvión de cubanos que buscarían su constancia de llegada

Los términos aluvión y ola remiten a las corrientes de agua que no se pueden frenar, que arrasan, que nos amenazan y nos ponen en peligro.

La exacerbación del fenómeno no está dada únicamente por la presencia de ciertas palabras, sino también por el espacio y los recursos gráficos que ocupan la página del diario. En el titular analizado, aparece el segmento “LA OLA” (en mayúsculas) y ocupa un espacio mayor que el resto del título, mientras que “SOBREPASÓ”, aunque escrito en un tamaño menor, está resaltado en otro color.

La idea de la catástrofe natural relacionada con el aumento continuo de la inmigración no solo se sostiene con las imágenes acuosas, sino también con la elección de ciertas expresiones:

  • Cada año aumenta la cantidad de latinoamericanos que llegan a Uruguay para “solucionar” sus vidas o como “puente regional” [Búsqueda, 20/11/2014]
  • Aumentan las solicitudes de extranjeros para vivir en Uruguay y la cantidad otorgada de residencias permanentes [Búsqueda, 10/11/2016]
  • Uruguay recibe cada vez más inmigración de la región [Búsqueda, 16/11/2017]
  • Llegan más inmigrantes y se amplía su inserción laboral en sectores de servicios [Búsqueda, 4/5/2017]
  • Cantidad de inmigrantes que solicitan vivir en Uruguay alcanzó un récord histórico y la tendencia es que “siga aumentando” [El País, 22/10/2017]

Estos titulares no solo informan de un aumento de la inmigración, sino que construyen un argumento negativo a partir de la enunciación de cantidades que no se explican ni contextualizan dentro del fenómeno que se pretende explicar. La sola mención a una mayor cantidad de inmigrantes parece una regla conclusiva para justificar luego acciones concretas a favor del endogrupo; se asocia, de esta manera, a los inmigrantes con un “futuro problema”.

Todo esto puede generar marcos de interpretación de rechazo de los otros, quienes, según esta interpretación, ponen en peligro lo nuestro. En relación con la cuantificación, el recurso de cosificar y despersonalizar a los inmigrantes para convertirlos en cifras se utiliza con frecuencia en los discursos antimigratorios (Chaoudri, 2016):

  • Llegan 4.600 cubanos y colapsan los trámites [El País, 24/10/2018]
  • Unos 2.000 cubanos obtienen su documento [El País, 2/11/2018]
  • Hay 48% más extranjeros en las escuelas del Centro [El País, 24/4/2018]
  • Pedidos de refugio crecen veinte veces en siete años [El País, 26/6/2017]
  • Cancillería rechazó 24 de 34.800 residencias en cuatro años [El Observador, 7/8/2018]

El efecto que tiene la utilización del argumento de los números es el de magnificar la cantidad de inmigrantes que llegan a Uruguay, así como sus procedencias. La retórica de la cuantificación se articula con otro esquema argumentativo: el de la responsabilidad nuestra frente a los otros. Dado que un Estado o grupo de personas es responsable de la aparición de problemas específicos, dicho Estado o grupo de personas debe actuar para hallar soluciones a esos problemas. Todos estos hilos argumentativos carecen de contexto y no explican la complejidad del fenómeno, pero sirven para formar las estructuras mentales del endogrupo en función: por ejemplo, la de legitimar las restricciones a la inmigración.

En general, se observan en los titulares sobre inmigración latinoamericana tres elementos recurrentes: las metáforas hídricas, el léxico aumentativo y las cuantificaciones. A partir de ellos se construye e instala la representación colectiva de la inmigración como una catástrofe natural, como un fenómeno “irracional” (Santamaría, 2002:120) que no se puede frenar, ni siquiera encauzar, y ante el cual se deberían tomar medidas.

Por otra parte, para representar la inmigración latinoamericana, la prensa une las metáforas acuosas con numerosas vinculaciones discursivas relacionadas con la criminalidad y la clandestinidad, y, a su vez, con la pobreza, características que, en el discurso uruguayo, están íntimamente relacionadas.

Preocupa la oleada de inmigrantes dominicanos
Junta de migración analiza ingresos sin documentación
[El País, 13/6/2015]

De acuerdo a la clasificación propuesta por De Fontcuberta (1993), los titulares de tipo apelativo cumplen con el objetivo de captar la atención del lector. De esta manera, se instala una preocupación que antes no estaba: que, a partir de esos otros, el endogrupo se encuentra amenazado y en peligro. A golpe de vista, parece que la inmigración dominicana “preocupa” debido a la cantidad de ingresos sin documentación. El lector que comience a leer la noticia, atraído por la apelación, se encontrará con un primer párrafo que señala:

“En República Dominicana el secuestro es una de las principales “industrias” delictivas. La constatación de que una banda de dominicanos secuestró a un empresario generó alarma a nivel gubernamental”.

El titular relaciona una “oleada de inmigrantes dominicanos” con el posible surgimiento de una nueva modalidad delictiva, fundada en la suposición de que el aumento de la inmigración proveniente de ese país determinado derivó en un aumento de una clase de delito. Este tipo de abordajes de la inmigración son ejemplo de cómo los medios de comunicación pueden contribuir a la construcción y la difusión social del discurso del miedo y, de esa forma, legitimar acciones de gobierno sobre ese conjunto de la población con motivos de seguridad nacional.

Al mismo tiempo, se vulnera la conformación de la opinión pública relativa a la inmigración, a la convivencia cívica y al fortalecimiento de la democracia, y contribuye a crear un estado de opinión que deshumaniza a los migrantes, al asimilarlos a un desastre natural, convirtiéndolos en objetos que hay que controlar. La representación del inmigrante se construye como un “problema” o “amenaza” exterior que, al no ser suficientemente contenida, podrá ser presentada como causa de “nuestros problemas”, tales como: la degradación de los barrios de las ciudades, el supuesto descenso del nivel escolar, la inseguridad ciudadana y, en general, el desorden y la desestructuración social.

Es por ello que la sociedad debe estar alerta y exigir un tratamiento informativo que no sea precipitado, poco contextualizado, poco respetuoso e informado, discriminador y estereotipado, basado en fuentes estrictamente oficiales o policiales, ya que pone en riesgo la tolerancia y la cohesión social en Uruguay.

Como se analizó, los medios de comunicación repetidamente estigmatizan a los inmigrantes o los mencionan de manera negativa. Otro ejemplo es la mención de los inmigrantes como “ilegales”, o relacionados con una “situación irregular” o “condiciones precarias”, cuando se habla de documentación o empleo. También sucede esto en relación con la vivienda: se recalca que los inmigrantes viven en la calle, en pensiones ilegales o clandestinas, o en asentamientos, todas condiciones de vida que suelen ser asociadas discursivamente a la delincuencia. Tales clasificaciones por parte de la prensa dan cuenta de una mirada estigmatizadora y racista que asocia a la persona migrada con estar en conflicto con la ley, similar a la imagen de un delincuente, lo cual puede inducir a un mayor rechazo por parte de los miembros del endogrupo.

En relación al empleo, en los años 2017 y 2018, existe en la prensa un cambio de visión, aparentemente positiva, del inmigrante trabajador: son aquellos que vienen a tomar los empleos que los uruguayos no quieren. Se trata de una visión utilitarista; es un discurso que señala la inmigración como la mano de obra que Uruguay puede “aprovechar” —o de la que puede aprovecharse— para ayudar a estabilizar la economía del país. Sin embargo, como señala Rodrigo Alsina, “este discurso se puede ir transformando en que los inmigrantes ocupan nuestros puestos de trabajo”, y apunta que, “en un ejercicio curioso de desplazamiento de responsabilidades, la culpa de la explotación viene a ser del explotado y no del explotador” (2006:44). Tales discursos pueden generar rechazo en la sociedad, ya que el inmigrante se convierte en “ese otro que viene a quitarme lo mío”, reforzando así discursos xenófobos nacionalistas (a favor de poner a nosotros primero) que luego pueden ser aprovechados y trasladados a los discursos políticos en épocas de elecciones.

Los pocos titulares que señalan un efecto positivo de la inmigración en Uruguay no se relacionan con el orden cultural, es decir, con la diversidad de modos y formas de vida, sino que tratan sobre la aportación económica de la inmigración, la principal virtud que se les reconoce tal como se observa en el siguiente titular:

Dos corrientes migratorias “refrescan” mercado laboral
Expertos en gestión humana señalan retos y ventajas al recibir extranjeros

Antetítulo:

“Ganas de trabajar”. Según el gerente de Recursos Humanos de Securitas, Jorge Silva, en el último tiempo se ha incrementado el número de inmigrantes que llegan a Uruguay. Dijo que vienen con “muchas ganas de trabajar” y mejor preparados a nivel profesional, lo que hace que se destaquen. [El País, 26/9/2018]

El argumento en este caso es de ventaja o utilidad de la inmigración, que puede parafrasearse mediante el siguiente condicional: si una acción ubicada bajo un concreto y relevante punto de vista resulta útil, entonces uno debe realizarla (por ejemplo, la utilidad que tienen los inmigrantes para “nuestra” economía nacional o los posibles efectos demográficos en un país con una pirámide poblacional envejecida). El titular subvierte la negatividad de la metáfora de las “corrientes u oleadas migratorias” destacando los efectos positivos de la inmigración a partir del verbo refrescar, asociado con una cualidad beneficiosa. En el copete, se menciona que la inmigración tiene ventajas para el mercado laboral, pero también recurre al argumento de “número” para mostrar que que puede ser un “futuro peligro para los trabajadores uruguayos”. Se destaca, en el antetítulo, la frase: “Ganas de trabajar”, emitida por el gerente que se eligió como fuente de la información. También se subraya otro aspecto positivo de los inmigrantes: que llegan al país “mejor preparados a nivel profesional, lo que hace que se destaquen”. En resumen, tal discurso, entendido como “positivo” o “favorable” en relación a la inmigración también deja abierta la visión o percepción de una amenaza laboral para los trabajadores uruguayos.

Multa de US$ 7.000 a restaurante por emplear a inmigrantes ilegales
Caso. El local, ubicado en el Puerto de Punta del Este, afirma que la sanción “es nula”
[El Observador, 17/3/2016]

La metáfora “inmigrantes ilegales” remite a otro tipo de metáforas relacionadas con lo bélico, y no con los desastres naturales como en el caso de las metáforas del agua, indica Santamaría (2002). Tales metáforas bélicas son una producción social, una denominación de origen que se aplica no a los inmigrantes reales, sino solamente a algunos de ellos, como sostiene Delgado (2002), en consonancia con Santamaría (2002). Para Delgado, aquello que hace de alguien un inmigrante no es una cualidad, sino un atributo que se aplica desde fuera, como un estigma o un principio negativo. La entrada del inmigrante en lo cotidiano supone la irrupción persistente de lo anómalo, del intruso, de aquel que desafía la norma que le adscribe a un espacio dado: “inmigrante”, “ilegal” o “irregular”, son en definitiva nuevas formas de nombrar al que hoy encarna esa figura social controvertida.

El titular de esta noticia destaca la infracción de un restaurante y su consecuencia: una multa. Su función es poner en evidencia que se cometió una infracción, la cual fue controlada y castigada. Sin embargo, mediante el orden de los elementos, el titular llama la atención sobre la multa y su monto, para mostrar un castigo ejemplar. La empresa, que no está mencionada, aparece como la protagonista en la bajada. Allí, se le da voz para hacer su descargo, mientras que silencia a los inmigrantes. La criminalidad no se adjudica al restaurante, responsable de la infracción, sino a los trabajadores, enunciados como “inmigrantes ilegales”.

Tal representación, desde el discurso hegemónico del poder mediático, puede ser efectiva para nombrar e instituir un atributo negativo del otro, pero construye un argumento a partir de una falacia de equivalencia (en la que inmigrante equivale a ilegal), la cual sería aparentemente lógica. En realidad, no hay ninguna. No existen las personas ilegales; hay actos ilegales. Por lo tanto, y en contra de lo que enuncia el titular, lo que hay que combatir es la contratación ilegal antes que a las personas en situación irregular. Cecilia Malmström, antigua Comisionada Europea de Asuntos de Interior, señaló en la Comisión Europea el 29 de noviembre de 2010 que: “(…) Y permítanme ser clara también sobre mi vocabulario: los migrantes ilegales no existen. Las personas pueden venir a la UE y utilizar maneras irregulares… pero ningún ser humano es ilegal”.

Sin embargo, en el titular hay un desplazamiento del protagonismo y del lugar de la víctima: son los inmigrantes quienes acaban como responsables de tal infracción. El discurso periodístico califica al inmigrante que no tiene permiso de trabajo o residencia como “inmigrante ilegal”, criminalizando así al colectivo. Sin embargo, las connotaciones no son las mismas para la empresa, que cometió una “sanción” por la cual recibió una “multa”: no se enuncia su ilegalidad. El esquema argumental del titular conduce así a una inversión de las posiciones de víctima y victimario, ya que, de este modo, la responsabilidad de la infracción que actúa en contra de la empresa recae sobre las propias víctimas: los inmigrantes.

El titular destaca la acción de emplear, en lugar de la evasión de contratar a personas por fuera del régimen laboral existente y vigente por ley. El importe de la multa se destaca para reforzar la legitimidad de la acción de la inspección y no para valorar las consecuencias o analizar el porqué de la falta de regulación o responsabilidad de tener un trabajo en regla, sin denunciar los abusos administrativos y laborales que sufre el colectivo migrante.

El titular analizado evidencia que no hay discursos neutrales ni objetivos, y muestra las características discursivas que permiten que las ideologías dominantes tomen cuerpo en los materiales simbólicos mediáticos. El discurso del titular reproduce los esquemas ideológicos hegemónicos, legitimando o deslegitimando aquello a quien o a que se refiere. Así, el mensaje ordenado y clasificado en el titular por el medio es otro diferente de aquel con que aparece ligado al medio. 

Cabe explicar a la sociedad y darle marcos de interpretación para entender, por ejemplo, que los países afectados por las crisis derivadas de la aplicación de políticas neoliberales se transformaron en los principales proveedores de una mano de obra flexible, precarizada, no sindicalizada y que acepta bajas remuneraciones, y que tales dinámicas económicas estructurales explican las nuevas modalidades que adquiere la migración internacional, y que en los países receptores cubre sus requerimientos de fuerza laboral. La continuidad de estas dinámicas económicas no se aseguraría sin políticas migratorias restrictivas y sin discursos políticos que socialicen la imagen del inmigrante como una amenaza, lo que imposibilita al inmigrante adquirir el derecho a la ciudadanía. Este marco jurídico e ideológico garantiza el mantenimiento del inmigrante bajo el estatus de “ilegal”. La condición de “ilegalidad” es la que permite el mantenimiento de remuneraciones bajas y que los costos de vivienda, salud o educación no tengan que ser asumidos ni por los empresarios ni por el país receptor.

A manera de cierre

Los resultados del análisis de las metáforas de los titulares revelan que si bien el término inmigrantes se sitúa, en algunos casos, en encuadres considerados positivos, como el que presenta la contribución económica de la inmigración, la mayoría de los titulares representan la figura de la migración dentro de un marco de conflicto con la sociedad receptora, y rara vez se la vincula con aspectos positivos de carácter cultural o social. Tal representación discursiva sobre la inmigración (en las metáforas de aluvión, ola, desborde, entre otras) podría generar efectos sociocognitivos en el lector, debido a que los aspectos que se mencionan de este colectivo son, en general, negativos y desprovistos de contexto. Estos titulares muestran un fenómeno complejo de modo simplista y asociado solo a problemas, lo que puede generar o reforzar estereotipos, discriminación y exclusión del otro en la opinión pública uruguaya. El discurso periodístico tiene entonces un rol fundamental: difundir información e interpretar los hechos noticiosos con el fin de construir marcos interpretativos en la opinión pública para la convivencia cívica y el fortalecimiento de la democracia.

Por último, la prensa uruguaya debería tener en cuenta estas consideraciones en el tratamiento informativo de la inmigración, tal como ocurrió en otros países del mundo. Por ejemplo, el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) elaboró en 2002 una serie de recomendaciones (generalmente ignoradas) en la elaboración y difusión de la información sobre la inmigración y las personas inmigradas. El documento señala, entre otras cuestiones, que los discursos informativos deberían incorporar elementos de reflexión para entender la inmigración como un fenómeno común de desplazamiento de población, y no como una amenaza, o que la condición de una persona inmigrada es, por definición, transitoria, y que el prolongamiento de las mismas se debe a la precariedad de los mecanismos políticos, sociales y culturales del país receptor.

El CAC (2002) advierte que conviene potenciar las informaciones positivas que involucran a la población inmigrada, sin menoscabar la verdad o la construcción de una realidad enmascarada, así como evitar las visiones utilitaristas de la inmigración que la presentan como una necesidad transitoria. Las autoridades, los medios de comunicación y los profesionales tienen el deber de no ocultar la verdad y de servir al derecho a la información, pero también comparten la responsabilidad social de promover la convivencia, en un contexto de libertad, pluralidad y civismo.

Para finalizar, cabe recordar que las garantías a las que remite la libertad de expresión incluyen también, íntegramente y sin excepciones de ningún tipo, a las personas inmigradas, y ello en su doble condición, como sujetos y como objetos de la información.

Bibliografía

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